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Rótulos Nuevo - GIFMANIA Acta resolutiva de La asamblea ordinaria de la  “ASOCIACIÓN DE HISTORIA ORAL DE LA REPÚBLICA ARGENTINA – AHORA” celebrada el 26 de septiembre de 2014 a las 13:00 hs. en Sala “Herbert Diehl” del Cabildo Histórico de la Ciudad, Independencia 30,en Córdoba, en el marco de la realización del XI Encuentro Nacional y V Congreso Internacional de Historia Oral de la República Argentina “Historia, Memorias y Fuentes Orales”. EN PDF AQUÍ

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Hijastras e hijas respetables. Las opciones de la historia PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 01 de Mayo de 2011 18:03

 

Sobre el artículo del historiador Sean Field: De hijastra a anciana: ¿Se ha vuelto “respetable” la historia oral?



Por Graciela Browarnik[i]



Como no podía ser de otra manera, siendo personas, siempre ha habido entre los historiadores, grupos que eligen permanecer ligados al statu quo y otros que prefieren unirse y formar colectivos más o menos revolucionarios, como creo, es el caso de la Asociación de Historia Oral de la República Argentina (AHORA) a la que pertenezco.

El carácter revolucionario o no dependerá del enfoque, la pertenencia institucional, ideologías, intereses, el origen del financiamiento, etcétera, como en cualquier otra disciplina humana.

En sentido similar, como la historia oral está hecha por personas con pertenencia de clase, ideología, intereses particulares, resulta difícil imaginar  que esa diversidad de sujetos utilice UNA sola metodología. No podemos entender a la historia oral como UNA metodología sino tantas como enfoques, ideologías y pertenencias tengan esos sujetos, salvo que se reduzca el término metodología a ciertas operaciones básicas, propias de todas las ciencias sociales: leer, escribir, encender un grabador, transcribir, etcétera. Las metodologías en ciencias sociales suelen estar definidas bastante más por una toma de posición que por “una pura técnica”.

¿No es el término metodología un concepto casi vergonzante que quita a la historia oral su especificidad misma, es decir, su condición como parte de la Historia?

Dice Lawrence Stone en su libro El pasado y el presente [ii] aparecido en 1981 que:

“Los historiadores siempre han contado relatos. Desde Tucídides y Tácito hasta Gibbon y Macaulay, la composición de una narrativa expresada en una prosa elegante y vívida se consideró siempre como su más grande ambición.”

Sigue más adelante afirmando que:

“En Francia este contar relatos se tildó como “l´histoire événementielle”.

Y termina afirmando que:

[…] “he encontrado pruebas respecto a una corriente subrepticia que está absorbiendo de nuevo a muchos de los prominentes “nuevos historiadores” dentro de cierta forma de narrativa.”

Si bien Stone no se refiere específicamente a la historia oral, cabe preguntarse si la historia oral no es parte de esa corriente de resurgimiento de la historia como narrativa.

¿De qué depende su definición de hijastra o de respetable?

Creo que de las temáticas que se aborden, de la seriedad con que se encaren, de las múltiples voces que se escuchen.

En el caso de la Argentina por ejemplo, no me parece que el problema sea la existencia de numerosos trabajos acerca de la memoria y de la historia de la dictadura militar de 1976-1983. Cuando comencé en 1996 a trabajar sobre esa temática no existían prácticamente trabajos al respecto a los que se pudiera recurrir. Los escritos de algunos sociólogos y politólogos como Guillermo O´Donnell sobre lo micro y lo macro de aquel proceso y los de Elísabet Jelin acerca de la memoria y los escritos sobre genocidio y derechos humanos publicados hasta ese momento, como los de Eduardo Luis Duhalde y el Nunca Más me fueron de suma utilidad.

En ese momento tuve que recurrir sobre todo a bibliografía acerca de la memoria (Halwachs, Nora, Joutard, etc.) a los excelentes trabajos de los antropólogos, comenzando por la lectura de Los hijos de Sánchez, y a los trabajos sobre la militancia anterior a la dictadura que, incluso arriesgando su vida había escrito, entre otros, Pablo Pozzi, muchos de los libros publicados por la Biblioteca Política Argentina del Centro Editor de América Latina y los materiales de la prensa militante.

Pero también tuve la suerte de haber conocido y escuchado todo lo que Guillermo Magrassi tenía para decir sobre los relatos,  las historias de vida y la importancia “subversiva” de recuperarlos. En esos tiempos, mi tarea consistía en hurgar acerca del imaginario de la dictadura en hijos y familiares de desaparecidos. Para los “historiadores serios” de la Argentina, ese no era un tema a estudiar. Nada mejor que la historia oral entonces, para darse permiso y crear fuentes, desempolvar documentos y establecer lazos con posibles entrevistados “vírgenes”. En poco tiempo, mucho de ese trabajo que me llevó 4 años va a estar puesto a consulta en el Archivo Oral del Centro Cultural de la Cooperación en Buenos Aires.

Hoy el panorama es diferente. Los simposios, congresos, encuentros y seminarios de historia y de historia oral se llenan de trabajos sobre la dictadura. Lo extraño es que muchos de esos trabajos no dan cuenta ni de los esfuerzos de sus colegas ni de la documentación que actualmente está siendo puesta en consulta. “inventando la pólvora” o “comenzando desde cero”, como si la historia de la historia de la dictadura no existiera.

En este punto es importante recalcar que no se puede hablar de “confusión” entre historia e historia oral (creo que ya hemos aclarado que somos historiadores que utilizamos, entre otras cosas, fuentes orales) y memoria (es decir, recordar, volver al corazón, transmitir colectivamente las huellas del pasado), porque lo que hacemos es jugar en todos esos terrenos.

La historia oral recurre a entrevistas; pero no se es historiador solo por hacer entrevistas. En la relación con el entrevistado ponemos en juego todo aquello de lo que hablamos al principio: ideologías, intereses, patologías, etc.

Con respecto a lo que el historiador hace, dice Eugenia Meyer, pionera de la historia oral en América:

“Al sopesar los trabajos y los días, el historiador asume que hay una permanente lucha por encontrar y entender los procesos, con sus diversas verdades. Estamos dispuestos a hurgar, escarbar en el pasado para descubrir, cuando no a inventar lo que sucedió, de manera que logremos comprender el pasado. Esto en lo que nos lleva, con cierta ambición y cierta codicia, a buscar nuevas vías para acceder a una información hasta ahora no conocida, o bien oculta por el paso del tiempo, por la negligencia o la intención expresa de ciertos grupos o ideologías dominantes.”[iii]

Roger Chartier afirma lo siguiente:

“Siempre me pareció que el trabajo de un historiador debía repartirse entre dos exigencias. La primera, clásica y esencial, consiste en proponer la inteligibilidad más adecuada posible de un objeto, un corpus, un problema. Es por eso que la identidad primera de cada historiador la da la presencia en un territorio particular que define su propia competencia. […]

Pero hay una segunda exigencia: la que obliga a la historia  a entablar un diálogo con otros cuestionamientos – filosóficos, antropológicos, semióticos, etcétera-. Sólo a través de estos encuentros puede la disciplina inventar nuevas preguntas, forjar instrumentos de comprensión más rigurosos o participar, con otras, de la definición de espacios intelectuales inéditos.”[iv]

En mi caso particular, no podría entrevistar a un artista sin haber visto, escuchado, olfateado, tocado su obra, porque me perdería una parte importante de lo que el entrevistado tiene para decir. Pero tampoco puedo desconocer los escritos que él ha leído, las obras (teatrales, plásticas, audiovisuales y una larga lista de etcéteras de otro tipo de fuentes) que lo han influido, y a veces hasta de que club es hincha y como se habla en su barrio.  Y así la oralidad se va complejizando y, en el fondo, solo somos tristes historiadores tratando de seguir tirando de un hilo suelto que nos llamó la atención.



[i] IUNA-Unidad de Información, Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

[ii] Lawrence Stone, El pasado y el presente, México, FCE, 1986.

[iii] Eugenia Meyer, “Una entrevistadora” en Historia, antropología y fuentes orales n° 37, año 2007, 3° época.

[iv] Roger Chartier, Escribir las prácticas, Buenos Aires, manantial, 2006.